Balenciaga nació en la pequeña localidad vasca de Guetaria (Guipúzcoa), en España, en el seno de una familia humilde y católica. Su padre era un pescador que murió en el mar y su madre costurera.

Desde pequeño soñaba con ser modista y en sus ratos libres dibujaba los grandes diseños que veía. A los trece años, la VII marquesa de Casa Torres (abuela de la futura reina Fabiola de Bélgica), que veraneaba en Guetaria, se sintió conmovida ante las ansias que tenía el joven por aprender el oficio de la moda, y decidió plantearle un reto. Le entregó un trozo de tela junto a uno de sus más exclusivos vestidos, con el objetivo de que él lo copiara y demostrara su talento. El resultado contentó tanto a la marquesa, que de ahí en adelante se convirtió en su mecenas.

Durante los años 1918-1924 se juntó con las hermanas Lizaso. Formaron la casa Balenciaga Lizaso. Finalmente se separaron a causa de una discusión.

Tras unos años de incipiente éxito, Balenciaga abrió una tienda llamada Eisa (como homenaje a su apellido materno) en San Sebastián, en 1919, que se expandiría hacia Madrid y Barcelona.

La Familia Real española y la aristocracia llevaban sus diseños. Cuando estalló la guerra civil española, se vio forzado a cerrar sus tiendas, y se trasladó a París. Balenciaga abrió su taller parisino en la avenida George V en agosto de 1937.

Impuso un estilo totalmente innovador, presentando una línea de hombros caídos, cintura pinzada y caderas redondas. Es a partir de los años 1950 cuando empieza a ser reconocido y despliega toda su creatividad.

Al contrario que muchos diseñadores, que abocetaban sus creaciones pero no las confeccionaban, Cristóbal Balenciaga tuvo un pleno dominio de la costura y del manejo de tejidos.